Re re re Salvador de Bahia 

image.jpegEs curioso ver los rostros de los pasajeros, ya estamos próximos al despegue y ninguno muestra mayor expresión de felicidad o ansiedad por el viaje que están por realizar. Bueno, y es que como saber cuáles son las razones de su viaje, quizás estas no son para ellos ni excitantes ni desafiantes. Pero a mi parecer, un viaje siempre es un nuevo desafío, un libro en blanco en el que co -escriben tú y el destino.
Este viaje es sin duda distinto a los demás, no tan planeado, no tan ansiado. Viajo completamente sola esta vez, no sólo en el avión, eso ya lo he hecho muchas veces, si no que en el recorrido también. ¿Qué si lo planifique así? Absolutamente no. Se suponía que viajaría con un ahora ex pololo, quien me envía a emprender un viaje totalmente desgastada emocionalmente ¿Que si lo prefiero así? Absolutamente si. Es poco lo que he esperado de este viaje, muchas veces pensado prácticamente para no perder el pasaje ya comprado, y ahora escribiendo estas palabras me doy cuenta como me desconozco con estas grises palabras que nada tienen que ver conmigo, y pido encarecidamente que nunca se pierdan, por nada ni por nadie. Aquí he encontrado la respuesta a lo que espero o lo que busco de este viaje, reencontrarme, reconocerme, re enamorarme de mí.
Voy viajando por primera vez al norte de Brasil, salvador de Bahia. Generalmente averiguo todo sobre mi próximo destino, pero esta vez debo reconocer que llego a un lugar desconocido de cuyo idioma no conozco ni el saludo. Simplemente voy. Decidí ir a una especie de “campamento” claro que no es en carpas, soy una viajera empedernida pero una muy cómoda, si no a una especie de lodge. Aquí se supone que tendré acceso directo a la una playa en dónde tendré la posibilidad de hacer distintos deportes de agua (que es distinto a que pueda hacerlo) también tendré clases de yoga entre otras actividades. Si no me encuentro aquí ¿dónde? pareciera que están los elementos propicios para esto. Aun así todos los elementos reales y necesarios los llevo en cabina conmigo, en mi cabeza, en mi corazón, en mí.
Además de encontrarme a mí misma espero algunas otras cosas ahora que lo pienso. Quiero poder pararme en una tabla de surf, arriba de una ola claramente. Quiero bucear por las aguas de salvador. Quiero comer comida típica. Quiero aprender portugués. Quiero conocer a un salvadoreño típico. Quiero conocer el casco histórico. Quiero un masaje. Quiero un affaire. Quiero hacer stand-Up paddle. Quiero fotografiar una tortuguita. Quiero un bronceado fascinante.
Ya se lo que podría pensar quién me lee, y esta niñita no quiere nada, irónicamente. Y bueno, no pensaran que quienes lo han logrado todo quisieron nada.
Uf, no me gusta como empieza esto. Gran parte de la tripulación se dirige hacia un pasajero unos asientos más adelante, lo ayudan a pararse, con su polera abierta y mano en el pecho me mira, su expresión es clara y dice dos cosas, miedo y angustia. Por alta voz piden por favor una enfermera o doctor a bordo para ayudar a asistir al pasajero. Entre dos tripulantes tratan de sacar el desfibrilador que está atascado aquí en la puerta de arriba al frente mío. Las lágrimas están a punto de caer, el resto parece indiferente. Mi expresión es clara, y dice dos cosas, miedo y angustia, claramente en una intensidad mucho menor a la del pasajero asistido. Una pasajera viene en ayuda. Mi preocupación es bastante. Estoy en la última fila, escucho “abra la boca” “suba los brazos” “respire por la nariz” me siento tentada a mirar, ya lo hice una vez y me vió, no lo quiero poner nervioso, “un, dos, tres” se escucha un puff. “Hormigueo, siente hormigueo” cuanto falta para llegar, no pude, volví a mirar. La programación parece estar buena, nadie se percata de que un poquito más atrás de ellos un pasajero estaría, aparentemente sufriendo una especie de paro. Me gustaría sumar algo a la lista de las cosas que quiero. Quiero que este pasajero no muera, de hecho, que nadie muera en este vuelo, lo cual sería por decirlo menos amargo. “Nada grave es” que alivio escuchar eso, parece que una de las cosas de la lista ya estaría por cumplirse. Vivito y coleando viene caminando, se sienta justo adelante mío. Hora de dormir. Empieza a pasar el servicio, será para más rato. De todas formas empezaré los preparativos abriendo recién la bolsa para sacar la frazada. Que cosa más maravillosa la frazada del avión, ahí entiendo a mi tata y esa necesidad de llevársela, aunque no era sólo la frazada si no también el tenedor y los cuchillos, y eso que no creo que estos últimos fuesen tan suaves. No es que faltaran cubiertos en su casa, ni tampoco frazadas, creo que es el hecho de llevarse parte de un viaje, no es lo mismo que un souvenir, estos objetos tienen olor a viaje, a avión para ser más exacta. También hay olores desagradables en un avión, está claro que uno es el baño, pero otro es el olor a comida falsa. Claro, eso es subjetivo, están las personas que aman la comida del avión, pero en mi caso está me genera muchas dudas.
Treinta y tres minutos para llegar a Sao Paulo, creciente ansiedad. Vamos bajando, 181 millas de distancia, seguimos bajando, se siente ese nervio en la guatita al sentir la turbulencia. 957 kilómetros por hora y a 11205 metros de la tierra, eso nos da 30 minutos aproximados para llegar, ese vacío en la cabeza al sentir una brusca bajada. Sube la temperatura -36 grados Celsius. Se escucha la advertencia de dengue, me hago un baño en spray de repelente, la pasajera de al lado me mira con una expresión que dice una mezcla de dos cosas, que desagradable y que envidia yo tampoco quiero tener dengue. Lo siento, otro viaje enferma, no, no está en la lista de las cosas que quiero. 22 minutos -22 grados Celsius, mera casualidad, al menos eso creo. 7111 m del destino. Una mujer con voz de operadora sexy da las últimas instrucciones de seguridad. 12 minutos, oídos tapados, destapados, náuseas. 0 grados en el aire, sensación de vacío en el cuerpo. Una fuerte turbulencia, más fuerte de la que había sentido otras veces, mis compañeros de viaje son simpáticos, se ríen y gritan como si estuviesen en un parque de diversiones, eso me tranquiliza un poco. Otra nube, espero que esta sea más cariñosa, no queremos que le vaya a dar un patatus al pobre señor de adelante, sobrevivió viaje completo ,sería una pena. Logro a lo lejos ver los primeros atisbos de sao Paulo, me imaginaba ver una gran ciudad, pero veo enormes prados y montañas, ¿el color? verde.Ahora si, una enorme urbe totalmente poblada, llena y sin espacio por sus casas y edificios. Llegamos. Los pasajeros se apresuran en sacarse sus cinturones. Algunos se paran sabiendo que todavía no pueden salir, y alistan sus cosas, la ansiedad por salir es alta, y muchos absurdamente quieren ser los primeros, siendo que luego todos volveremos a pasar las mismas etapas. Yo prefiero elegir la última fila, la silla de al medio, es mi truco para aumentar las probabilidades de que nadie se siente al lado mío. Muchos vienen y preguntan al señor de adelante si se siente mejor, al parecer no todos estaban indiferentes, tuve una impresión equivocada, y me pregunto cuántas impresiones equivocadas puede uno llegar a tener, y llegar a ver el mundo a veces de una forma diferente por un pequeño detalle que dejaste escapar, por ir ciegos por la vida.
Siempre al entrar al aeropuerto de otro país tengo esa extraña sensación, me cuesta creer que de un momento a otro estoy en otro país.
8:22 de la noche en Abrantes, una pequeña playa en un condominio en salvador de Bahia. Llegué hace solo un par de horas, la acogida ha sido buena pero no lo que esperaba. Esto es prácticamente un retiro, es sábado y nadie tiene una caipiriña en la mano. Me fue a buscar un chica llamada Izabella, con quien nos demoramos casi una hora en encontrarnos. Ella me anticipaba más o menos a lo que venía con sus pies descalzos. Viene a buscarnos en un auto negro un chico cuyo nombre no recuerdo, ambos muy simpáticos. Empiezo a sentirme más tranquila. Pregunto por la gente que está en el lugar, para mi sorpresa, solo mujeres. No es que quisiera venir a buscar hombres, pero la verdad es que se me da mucho más fácil relacionarme con ellos. Y heme aquí con un grupo de dos brasileñas, dos inglesas, dos francesas, una de ellas ya se va, y una pareja de suecos. Uf, no veo el panorama para nada fácil. Todos me preguntan si surfeo, y ahí yo me pregunto qué hago aquí ¿ estaré haciendo el loco? obligada a aprender. No puedo mentir, en estos momentos la situación me supera un poco, estoy a oscuras en mi pieza, dije que estaba muy cansada “good night”. Antes de venirme a acostar, el sin nombre, por ahora, me regalo una pulsera de los deseos, me gusto mucho por que es blanco, pureza. Luego me llevó a conocer la playa, estoy en un Hermoso lugar, las estrellas se dejan ver con claridad. El viento hace el complemento perfecto. Más allá de la angustia quiero que llegue el momento de ver ese hermoso lugar de día. Hora de dormir, espero que mañana sea un mejor día, bueno el día siempre será bueno, espero que yo logre estar mejor.

Y aquí estoy, como pueden ver, un poco mejor.

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Estoy acostada en el paraíso. Debo admitir que mis impresiones han sido diversas y de cierta forma contradictorias. Al desayuno me sentí nuevamente un poco incómoda, sin mucho tema y un poco frustrada al enterarme que lo único que se hacía los domingos aquí era nada, si nada. Tendría si o si que lograr el ansiado pero muchas veces estrésante relajo pleno. Vine a la playa luego de desayunar y de una rica ducha que alivio por un rato la pegajosa sensación de humedad. El panorama era inmejorable, bueno se piensa que todo puede de cierta forma ser mejor, pero por qué no pensar al revés. Arenas claras y puras, bordeadas por una extensa hilera de palmeras y enfrentadas a un mar con pequeñitas olas. Saque cámara y iPhone y empecé la respectiva sesión. Luego me pregunté por qué todavía no había metido los pies en el agua, así que me levante y camine lentamente hacia el agua, disfrutando cada paso que daba, el viento cuando me tocaba, lo que mis ojos veían, cuando mi primer pie tocó el agua pensé “no necesito nada” sentí que algo cambio, que las cosas estarían mejor, por qué acababa de descubrir algo tremendamente importante, uno de los primeros enigmas para la felicidad; NO NECESITO NADA. Así es como con este descubrimiento, mientras todo seguía su perfecta secuencia a mi al rededor, algo en mi cambio, entonces la perfecta secuencia a mi al rededor cambiaría.

Estuve un buen rato leyendo recostada en mi hamaca disfrutando la tranquilidad, cuando ya lo pude más , me hice una auto clase de yoga, luego a almorzar. En la mesa estaba una pareja de suizos, en un principio me parecían un poco fríos pero cada vez los veo un poco más suelto, aunque no creo que se lleguen a soltar a un nivel latino. También había dos niñas inglesas, ellas son muy amables, aún cuando me cuesta mucho entender the fancy english accent tienen paciencia e insisten. también se sentó con nosotros izabella y Edemar (o edomar) los chicos que trabajan aquí y me fueron a buscar al aeropuerto, son muy divertidos, tienen la soltura latina, aunque isabella conserva ciertas influencias africanas y a la vez salvadoreñas, lo cual es enorme tente gratificante, puedo hablar aunque sea un poco de español.

El sol ya está bajando, en un par de horas acompañaré a izabella y edomar a buscar a los nuevos huéspedes, una pareja de alemanes y un alemán, que como yo emprendió viaje en solitario. Los acompaño ya que quiero ir a la farmacia, lo sé , es extraño, pero además de cascos históricos, mercados, comida, playas y monumentos, siento una gran debilidad por las farmacias extranjeras. Salvador de Bahia tiene una fuerte influencia africana, me gustaría ver cómo afecta en su comida, en su artesanía, la fisionomía de la gente, arquitectura, y también por qué no su productos cosméticos y medicina. Puede sonar un poco superficial yo lo sé, pero cada detalle que se deja ir puede significar la pieza de un puzzle perdido.

En fin (suspiro), mañana a las 9 tendré clases de yoga, convencí a las chicas inglesas de que se me unieran. Luego a las 10 la hora de hacer él ridículo, clases de surf. Espero no ser un desastre total, y al menos pararme en la tabla (con la tabla sobre un ola), como ya comentaba antes con eso soy feliz. Espero al mismo tiempo ser capaz de pasarlo increíblemente bien, independiente de los resultados, sin frustraciones.

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Una imagen vale más que mil palabras…

Al empezar esta bitácora de viaje dije que mis principales objetivos eran tres; reencontrarme, reconocerme, re enamorarme. ¿Lo logré? Esta a la vista. Cuándo me di cuenta de que no había vuelta atrás en este viaje y que mi destino por esta semana era este decidí que sacaría el provecho a cada pequeño instante de esta aventura, que hoy más que ningún otro viaje de los que hubiera hecho antes, era sólo mío.

No voy a decir que fue desde el principio fácil por que no lo fue. Creo que fue cuándo pregunté a Ellie dónde podiamos tomar unas caipiriñas en este lugar tan aislado en el que éramos sólo nosotros, la playa y la naturaleza. Ella me respondió con ese divertido y elegante acento británico ” si sabes, no se puede. Pero no te imaginas hace cuánto no puedo sentarme y leer un libro, sin interrupciones, sin el ruido de la ciudad”. Ahí empecé a entender de que se trataba esto. Disfrutar las pequeñas cosas, los detalles, las cosas que no tendría luego al regresar a mi ciudad.

Desde ese entonces empecé a despertarme más temprano, ver el amanecer, sentir la brisa del mar, pensando para mí que podría inmortalizarla en mi recuerdo, traerla de vuelta a casa conmigo. También a las 17:00 estaba en la casa de la playa lista para hacer yoga al ritmo del atardecer frente a la playa. Empecé a encontrar en cada uno de los habitantes del campamento algo en común, algo interesante, a quererlos, aunque sea por esa semana.

De pronto me encontré con mi verdadero yo, y me gustó. Esa soy yo, un persona capaz de disfrutar del más mínimo detalle, que permanecía cegada. Una persona que además es capaz de difundir y contagiar a los demás de esas pequeñas maravillas, que no todos ven. Soy risas, ironías, unión.

Todo esto podría sonar un poco egocéntrico, y por favor, pido disculpas, pero es que me he dejado impresionada. Yo ahí sola, sintiéndome a veces el alma de la fiesta, y un día después de haber sentido que quería estar escondida en la habitación toda una semana. ¿Cómo es que puede cambiar tanto una situación en tan poco? No será que nuestro destino es ni más ni menos que el conjunto de desiciones que tomamos. Y así fue, lo decidí y pasó. Bueno tampoco vamos a tender a creer que esto es magia, ya que también decidí intentar con el surf y fue un absoluto fracaso, pero bueno admito que tampoco fue una decisión tan certera si soy honesta.

El tercer día de viaje, había en un surf trip y fui invitada, ¿por qué invitada?  Si como ya mencioné mi primera clase fue un total fracaso. Para ver a las tortugas de las que tanto hablamos que nos gustaría ver al amanecer en la playa del surf cump. Decidí que no quiero aprender en este momento, el profesor es una buena persona, pero no tiene paciencia, y la gente sin paciencia me pone muy nerviosa. 

Todos han sido muy agradable. Ayer fue mi cumpleaños a la hora del desayuno me felicitaron cuando se enteraron. Luego a la hora de almuerzo me sorprendieron con una deliciosa torta de chocolate. Después de eso tenía que partir al tour por la cuidad de salvador de Bahia, al cual fui acompañada por una pareja de alemanes que llegaron un día después que yo. Al principio me parecieron muy fríos luego terminaron siendo con quienes pasaba gran parte, junto a Bernard, el austriaco que al igual que yo, se aventuraba en un viaje solo. Cuándo íbamos en camino en el auto mientras conversábamos con Bernard, yo le iba respondiendo con miradas superfluas de un lado a otro, cuándo de pronto me interrumpe y me dice: ” mira, ¿no te parece que es como un sueño?” luego de mirar hacia dónde me indicaba a través de la ventana le pregunto: “dónde?” “El paisaje, no lo vez, es como una pintura”, y lo era. Otra vez me di cuenta que había dejado de ver la belleza, ¿Cómo no iba a estar triste si iba por la vida sin ver, sin sentir, sin entender las cosas hermosas de la vida? Estaban todas ahí a mi al rededor, pero sumida en mí, el exterior formaba una dimensión difícil de decifrar.

Fue sólo una semana, pero puedo decir que una semana de una experiencia así, en un lugar así, con gente así puede dejarte un aprendizaje  mucho más profundo que la vida que vivimos en el día a día. En un piloto automático en el que no somos más que espectadores de nuestras vidas. No decidimos. Somos esclavos de las casualidades y las consecuencias de las desiciones que otros toman. Quiero atesorar siempre algo de este viaje en mí, que me haga no olvidar, que puedo sonreír por una brisa que toca mi piel, reír sin fundamentos, puedo leer, puedo volver a escuchar y ver. ¿Cuándo? Cuando yo lo decida. Viajeros como yo nos volvemos adictos a recorrer el mundo, y esto es maravilloso, pero no olvidemos el otro viaje, el que podemos hacer dentro de nosotros mismos, se que suena un poco cliché, pero dejo una invitación a hacer de cada día un viaje, notar que hemos visto algo nuevo, quizás incluso sentido un nuevo olor. Esbozar simples sonrisas sin razón como a veces lo hacemos cuando estamos en un país extranjero. Viaja! viaja cada día! Inmortaliza. Viaja! Viaja cada día! En avión o a través de tus sentidos.

Con amor

Ferni

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